LA MUJER WAYÚU. Escrito por Carlos A. Pulgarin. 13 de mayo de 1997.
La mujer Wayúu no se regala ni se vende. Lo que pasa es que la cultura occidental no conoce el verdadero significado de la dote.
Así defienden su costumbre sagrada las mujeres de esta etnia.
El género femenino siempre ha ocupado un papel preponderante en el desarrollo de la raza Wayúu. El mal llamado sexo débil pasa a ser el más fuerte, pues sus características de liderazgo son casi innatas.
La línea matrilineal es importante dentro de la cultura Wayúu, quien maneja el hogar es la mamá y el trabajo del pastoreo o la pesca le corresponde al hombre. Otras actividades propias de la mujer son las artesanías.
Uribia, capital indígena de Colombia, durante el desarrollo de la XII versión del Festival de la Cultura Wayúu, que culminó el domingo pasado, fue el escenario propicio para mostrar el valor que para la etnia tiene la mujer.
Las comunidades están organizadas en asociaciones civiles que defienden la cultura y respaldan sus manifestaciones autóctonas.
Una de ellas es la Asociación Civil Yanama que agrupa a algunos indígenas del vecino país de Venezuela trabajan conjuntamente con la comunidad y promociona el arte y sus especialidades en tejido, cerámica, instrumentos musicales.
La característica de los tejidos y de la cerámica son la figuras geométricas que hacen parte de la simbología Wayúu. Las mujeres de esta etnia manifiestan sus actitudes artísticas a través de las hamacas, los chinchorros, los cubrecamas, tapices, bolsos, mochilas, las comosora (calzado tradicional).
Otro recurso que aprovechan es los frutos de los árboles como es el caso de las calabazas de las que se elaboran tazas, maracas, cucharones, cucharillas; en fin, toda suerte de utensilios de cocina que se complementan con las piezas elaboradas en barro como ollas y vasijas.
La wuyunquera o muñeca. Los primeros juguetes con los que juegan las niñas Wayúu son las wuyunquera, muñecas fabricadas en barro crudo con cabeza de tortuga o de lagarto, pues no se elabora con rostro humano por considerarse un irrespeto para con los mayores.
La mujer cumple un papel preponderante en la sociedad Wayúu. Cuando nace una niña se celebra una gran fiesta en la comunidad.
Aminta Morillo Fernández Jallariyú, dice que al nacer una niña, consideramos que los grandes dioses nos han dado esa bendición. Así, cuando los abuelos mueren esa pequeña que luego se convertirá en mujer será la encargada de recoger sus restos o huesos, costumbre del segundo velorio.
La recién nacida es niña hasta el momento del desarrollo, desde ese instante se convierte en mujer. Deja entonces, sus wuyunqueras y demás juguetes para pasar al tiempo del blanqueo o del encierro que se convierte en la etapa de la preparación para el matrimonio.
El tiempo del encierro puede durar un año, período en el cual la niña convertida en mujer no puede ser observada por nadie. La única persona que tiene acceso a su habitación es la abuela, encargada de darles lo alimentos y la medicina natural, estos últimos dos elementos son fundamentales para conservar la belleza de la mujer nativa.
Dote y venta no son sinónimos. Al culminar ese tiempo de preparación la joven sale vestida con un atuendo especial que le significa el tránsito de niña a mujer. Luego es el momento de encontrar esposo, es aquí cuando muchos interpretan mal la tradición de la dote.
Consideran que por recibir algún dinero o regalos de parte del pretendiente se convierte en una especie de venta, pero no es así, la mujer Wayúu no se vende, esta es una costumbre sagrada , sostiene Aminta.
No es una plata que se invierte en una mujer porque va ser la esclava del hombre, es una dote que se le da a la familia. El pretendiente da cierta cantidad de dinero o prendas para demostrar que sí la quiere y siempre la va a respetar.
Por su parte, los padres entregan a la hija preparada con cierta cantidad de chivos o ganado y el esposo tiene la responsabilidad de multiplicar esos bienes.
Para María Idalida Plata de Bruges, presidente de la Corporación Autónoma del Festival de la Cultura Wayúu, las negociaciones o que algunos llaman venta cuando se va a desposar una joven de esta etnia, en realidad no es tal cosa; se trata es de indemnización o fortalecimiento del patrimonio del hogar que se va a conformar.
Los arijunas (hombre de la cultura occidental) creen que la dote es una forma que tienen los padres de vender a la hija, pero no es así, lo que pasa es que la mujer quiere demostrarle al resto de la sociedad y a ella misma de que tiene que garantizarle un fortalecimiento económico para el matrimonio. La mujer no se regala y mucho menos se vende, anota.
Este patrimonio económico lo cuidan los padres para que cuando el hombre desaparezca o abandone a la mujer, ella tenga maneras de responder y alimentar a sus hijos.
Un gran porcentaje de las mujeres nativas se encuentran adelantando carreras universitarias y muchas ya son profesionales en diferentes campos.
Se está demostrando el nivel de formación que tiene el pueblo Wayúu y el grado de capacitación a través del proceso del programa etnoeducativo que se viene aplicando en La Guajira desde hace 12 años.
La que más se capacita en esta cultura es la mujer, debido a esa concepción matriarcal. Ella trata de salir adelante mientras que el hombre es más pasivo y casi no trasciende.
Identidad cultural. Desde hace 18 años comenzamos a darnos cuenta, gracias a una investigación, que se estaban perdiendo algunos elementos étnicos, sin embargo, a través del proceso de formación etnoeducativo se están recuperando para fortalecer la identidad, explica la presidente de la Corporación.
En la actualidad los Wayúu conservan 22 castas o linajes de las 28 que existían.
Si se quiere mostrar la cultura Wayúu al mundo es necesario resaltar su lengua (wayúunaiqui) que está catalogada como oficial dentro del departamento y se enseña en todos los colegios.
El empuje de la mujer Wayúu se puede apreciar en las líderes naturales que tiene esa sociedad. Martha Lucía Afanador, directora de la Casa de la Cultura de Uribia, es una ellas. El próximo 13 de junio viajará a Montpellier (Francia), con todos los gastos pagos, en donde mostrará la riqueza cultural de esta etnia, entre ellas la tradicional danza de la yonna o chicha maya, como la conoce el arijuna.
Lo bonito del Wayúu es que ha sabido enfrentar cualquier reto que se le pueda presentar en la vida. Tenemos nuestras propias costumbres y manejamos nuestras propias leyes, enfatiza la directora de la Casa de la Cultura.
Fuente: https://www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM-577970